viernes, 29 de diciembre de 2017

UN CUENTO PARA ABRIR EL AÑO


Conócete a ti mismo, accede a decirles el Onanista ciego ahora que trata de relacionarse. Él sabe que Ellos guardan los males que podrían dañarlo y hasta el presente ha vivido alejado de las manos que, en su alborozo, correrían a abrazarlo si se relajara. Porque el Onanista ciego es un gran higienista y aun cuando teme que su descendencia desaparecerá con él, entiende que no sucederá igual con su Fe. Hecha a prueba de calamidades contaminantes, su Fe perdurará entre cuantos oigan su mensaje por los siglos. Como hijos de nadie que serán, nadie habrá que les reclama la vida.
Pero un día malhadado el buen Onanista ciego chocó contra un espejo y sus ojos se le abrieron. Fue entonces el hacérsele visible que estaba hablando solo. Como los trajes vacíos.

martes, 19 de diciembre de 2017

SUCEDIDOS


Todo lo que sucede sucede necesariamente, nos confirma Arthur Schopenhauer.

Pues  no. Mire usted que no.

Al menos, no necesariamente para todos ni a todos por igual. Las loterías –sin ir más lejos– nos dan un buen ejemplo de lo contrario. ¿Era necesario que [de buena suerte] el premio gordo le tocase a “*” o lo era que los demás participantes [de mala suerte] perdieran a la vez sus dineros y su ilusiones? El cumplimiento de la necesidad acarrea injusticia, y al menos por respeto hacia los que continúan necesitados, no deberíamos conformarnos con que la necesidad no se reparta por igual.

Todo lo que sucede sucede por suerte, alterna e injustamente buena y mala, corrigió el trilero de la calle de Fuencarral.

Lo que en cualquier caso cabe valorar desde una perspectiva nihilista –ahora hablaba un joven Ferrán Vasater con la mirada perdida en el horizonte– es la búsqueda permanente del proyecto del bien desmentida por los sucedidos universales. Imagino un pacto entre un número en permanente crecimiento de apostadores que se repartirían el premio que a uno sólo de ellos le habría correspondido en la ocasión. Pero a) siendo incalculable el numero de apostadores, b) estando determinada a priori la cuantía del premio y c) reservándose una buena parte del monto de las apuestas conseguido para los propios organizadores y el mantenimiento del ‘juego’, con mayor rigor al respecto de lo que tratamos, deberíamos decir que

Todo lo que sucede sucede intencionadamente.

Intervino, entonces, el siempre inoportuno Max, erre que erre. Por conveniente para el diálogo, puedo aceptar sin excesivo reparo la repartición de lo que es de uno entre el todos del cual forma parte voluntariamente. Mas veo que por encima de esto, sigue sobrevolando la desigualdad natural de los seres, a los que ni la necesidad ni la suerte ni la intención iguala. Sólo el Derecho, pero bien que de manera harto artificiosa y siempre mediante la aplicación sobre ellos de la fuerza apropiada. Por tanto, mis queridos colegas, pongámonos por una vez de acuerdo y salgamos de este embrollo con una resolución que a todos nos satisfaga:

Todo lo que sucede sucede legalmente… o no sucede.
                                                                                                         (Panfleto de la Asamblea de Pensadores Independientes. API)

martes, 12 de diciembre de 2017

¿RELATIVISMO?



Escojamos una serie de tres elementos: 1-2-3, a-b-c, yo-tú-él. Acto seguido, fijemos las combinaciones entre ellos. Se obtiene:
1 - 2
1 - 3
2 - 3

a – b
a – c
b - c

yo – tú
yo - él
tú – él

Matemáticamente, tales son las combinaciones posible, puesto que al amparo de la llamada propiedad conmutativa  – una propiedad, como todas, indiscutible y rigurosa– se sabe que el orden de los factores no altera el producto, aunque sí sirve para determinar, sensu stricto, quién se privilegia del mismo. Pero, insistimos en ello, matemáticamente, tanto da 1-2 como 2-1; a-b o b-a; yo-tú que tú-yo.

Objeciones a semejante ‘convención’ no faltan, aduciéndose al respecto que a las cosas no las rigen las matemáticas en exclusiva, pues hay otras normas y reglas y otras propiedades de las cosas capaces de torcer el argumento. Como,

Las Reglas de la quiniela futbolística, en las cuales no es igual el resultado de un 2 -1 que de un 1 - 2, e igualmente admiten una combinación no por absurda menos posible, como un 1 – 1, un 2 – 2, un 3 – 3 y así sucesivamente. Siendo que las Reglas de la quiniela futbolística admite en la combinación de dos elementos, tres resultados: 1 - X - 2, sin necesidad de mayores explicaciones, pues hasta los niños  y los privados de sacramento lo entienden así cuando rellenan su boleto.

Las no escritas Normas de la cortesía y la  buena educación, las cuales demandan el uso preferente de tú y yo en lugar de yo y tú. No obstante, el empleo de yo y tú no se considera punible de oficio, señalándose como simple mala educación, muy útil para resaltar la buena al corregirla, de manera involuntaria, claro.

Las Recomendaciones marcusianas en lo tocante a la naturaleza de las relaciones sexuales, en las cuales sostiene, literalmente, don Herbert Marcuse que el conflicto entre la civilización y la sexualidad es provocado por la circunstancia de que el amor sexual es una relación entre dos personas, en las cuales una tercera sólo puede ser superflua o perturbadora. Motivo por el cual niega la obtención de un  resultado de las mismas: …la pareja de amantes es suficiente en sí misma, ni siquiera necesita al niño que tengan en común para ser felices.

Las Prescripciones de la indización alfabética, a cuyo tenor la ‘a’ siempre va delante a la ‘b’, salvo en palabras que empiecen por ‘b’ seguida de la ‘a’, como, por ejemplo, baladí, banal, banalidad, bálago, balano, pero igualmente baluarte, bandera, banda y banca.


Y en fin –levantó los ojos del Libro el Maestro Yehudi. Miró a los que le escuchaban , insinuándose en sus labios descoloridos una sonrisa maliciosa. Respiró hondo. Tosió una vez. Y cuando volvió a hablar, lo hizo con palabras que debían ser las suyas y no las que estaban escritas en el Libro:

Las virtudes capitales del silencio, o El nihilismo como autoayuda en el desarrollo de la personalidad, tratándose de tomar decisiones cuya duración, como la de los tatuajes, ha de sobrepasar nuestros cálculos del momento, pues, luego, queriendo retornar al antes de aquel desacertado momento [así se pensará en él], si no de todo punto imposible, si que resultará más costoso.

Ahora pueden marchar confiados. No voy  a admitir preguntas.
                                                     (Discurso del maestro Yehudi a las Juventudes Informales, Buenos Aires, marzo 2020)

sábado, 2 de diciembre de 2017

veintiséis maneras de llegar a Nada saliendo del Arte




 
El Arte es un testimonio de la verdad ante el tribunal humano o Nada.

El Arte será una belleza convulsiva o Nada.

El Arte es el fin de una forma de vida que ya no puede ser vivida o Nada.

El Arte es un medio para experimentar el devenir de una cosa o Nada.

El Arte es la antítesis social de la sociedad o Nada.

El Arte es la crítica de la praxis como dominio de la brutal auto-conservación en medio de lo establecido o Nada.

El Arte es el espíritu de las cosas reflejado en el espíritu del hombre o Nada.

El Arte significa cepillar la realidad a contrapelo o Nada.

El Arte se realiza esencial y verdaderamente cuando genera pureza espiritual de la conciencia o Nada.

El Arte puede convertirse en una organización directa de sensaciones más intensas o Nada.

El Arte aparece como Arte allí donde se introduce en el sistema comercial de la industria cultural o Nada.

El Arte es el medio indispensable para la unión del individuo con el todo o Nada.

El Arte puede servir para moralizar al individuo o a las masas o para Nada.

Ars longa o Nada.

Ars naturae imitatio est o Nada.

Todo lo demás es Arte o Nada.

El Arte consiste en llegar hasta las últimas consecuencias o en llegar a Nada.

La idea del Arte y el Arte son una misma cosa o Nada.

El gran final del Arte es sacudir la imaginación de la fuerza de un alma que no admite la derrota aun en medio de un que se derrumba o Nada.

El Arte es lo contrario de la disipación o Nada.

El Arte es imitar perfectamente la naturaleza o Nada.

El Arte es la reivindicación revolucionaria de otros oficios o Nada.

El Arte es ni más ni menos que los distintos modos de representación estilizada, deshumanizada, o Nada.

El Arte es un signo o Nada.

El Arte es la burla de sí mismo o Nada.

El Arte es una forma de exageración de las cosas o Nada.
(Manifiesto de los Grandes. Enero 2000. Con Carlos Ortega, André Breton, Arthur C Danton, V. Sklovski, Theodor W. Adorno, Pío Baroja, Walter Benjamin, Max Bense, Guy Debord, H. K. Ehmer, Ernst Fischer, Remy de Gourmont, Hipócrates, Horacio, Adolf Loos, Henry Miller, Federico Nietzsche, Octavio Paz, Fernando Pessoa, Internacional Situacionista, Susan Sontag, Antoni Tapies, Guillermo de Torre y Oscar Wilde)

ENCUENTROS EN NINGUNA PARTE



En “… el encuentro fortuito de un paraguas y una máquina de coser sobre una mesa de disección” privilegiamos la presencia del paraguas, la máquina de coser y la mesa [que es] de disección [no una mesa cualquiera, pues conviene no olvidar esta puntualización que hace de la mesa una mesa aséptica, superficie neutra como el lienzo de cualquier pintura], pasando por alto –intuyo que con algo de premeditación y mucho de esperanza– lo que, al menos como yo lo veo, constituye el meollo de la proposición del viejo Conde: se trata de algo fortuito, azaroso, contingente, innecesario. Y por supuesto, pero también lo que más nos cuesta aceptar, algo que puede ocurrir más allá de nuestra presencia; aún mejor, algo que ocurre preferentemente en nuestra ausencia, la cual vendría a contaminar, a infectar la imprescindible asepsia del lugar de la celebración del encuentro, de sobra remarcada: [una mesa] de disección.
A modo de conclusión precipitada –dado que nos gustaría hablar de ello de manera más extensa y detallada– ya podemos señalar la negación del espectáculo en el origen y la causa de lo espectacular en el rechazo de la inclusión del artista en todo este asunto, dado que el artista sería quien acudiese a darle cuerpo (la obra de arte, el objeto disecado) al suceso. Cosa que sucede. Hecho delictivo. Accidente desgraciado.

lunes, 27 de noviembre de 2017

MU



No hay pregunta para la contestación “Estoy vivo”, ¿a quién podría ocurrírsele una cosa tan tonta? Ni siquiera en el caso de un accidente [presuntamente moral], el paramédico que acude primero en auxilio del accidentado intenta valerse de las  palabras. Le habla, sí, pero como quien ya se teme estar hablándole a un muerto. Para cerciorarse de su lamentable estado, el paramédico le toma el pulso en las muñecas o en las sienes; le acerca un espejo a los labios, en resumen, comprueba sus constantes vitales, entre las cuales no parece figurar el habla. Porque el habla es un añadido suficiente de los vivos. Y callar, hacerse el muerto, fingirse muerto, pasar por la vida como un muerto, un fantasma, en silencio. Por esto si creo que nos debemos replantar la significación de los versos de Antonio Machado: Quien habla sólo espera hablar a dios un día.
Desde muy temprano nos advierten que veremos a dios una vez muertos, y no siempre, y no todos, sólo los buenos. De modo que de hablarle, nada de nada. Los muertos no hablan [si lo hicieran, posiblemente llegásemos a considerar la muerte algo más pasajera, menos definitiva, como en las películas, hasta que el director grita ¡Corten! y los falsos caídos se levantan y se sacuden el polvo) Los muertos callan eternamente. Al menos en el contexto expandido de los cristianismos donde nos han prestado interesado albergue. En adelanto de ello está, una admonición, el debido silencio a observar en el interior sagrado de los templos. Alegoría que necesariamente ha de resultarnos terrorífica, y por eso quizá que su contemplación plena, su guarda total, se reserve, no obstante, para los muertos. Por otra parte, ¿de qué podríamos charlar con dios? ¿No es más lógico calcular que sentados ante la inmensidad divina nos sentiríamos incapaces de pronunciar las palabras que mal vinieran a sacarnos de ese anonadamiento maravillado? Desde luego, resultaría de lo más feo romper ese magnífico arrebato, y el sólo insinuarlo valdría para justificar la existencia veraz del infierno, el lugar de destino de los locuaces, de los que no callan ni quemándose, de los que no están muertos del todo, pues si han de seguir sufriendo, menester que ellos sigan vivos también.
La cuestión que me planteo es: Antonio Machado ¿privilegia la espera o ese final de apariencia esperanzada? ¿Defiende el habla porque se teme el silencio o la desprecia por vana? Converso con el hombre que siempre va conmigo, es el verso que antecede al de (entre guiones, como un zurcido) quien habla sólo espera hablar a dios un día, y se cierra el cuarteto hablando Machado de su soliloquio y de su filantropía. De la soledad y de la compañía que la sostiene. Hay, así pues, un hombre, dos hombres y muchos hombres en tan reducido espacio como es el de un retrato. No sé si se lo podría acotar aún más cerrándolo entre los signos de la interrogación, pero estoy por aventurar que hay ronda la pregunta cuya única respuesta válida es: Estoy vivo.

sábado, 30 de septiembre de 2017

LA PRODIGALIDAD DE ULISES








¿Quién es ese con la voluntad de Ulises pero no es Ulises?



Reconocían en el recién llegado las mismas ganas de aquel que, mil años atrás, partía a ganar las ciudades. Mas sus dones lo traicionaban.



Entonces, para cerciorarse le pidieron:



Cuéntanos tu historia.



Les contó Ulises la historia de Ulises, pero aunque en sus palabras estaban todas las palabras que ellos ya conocían por haberlas oído de la boca del propio Ulises, dudaron y volvieron a inquirirle:



¿Quién te contó la historia de nuestro joven Ulises?



Él les respondió que la había vivido tal como la soñara antes de partir con la aprobación de todos los que se quedaron.



¿Por qué me creísteis en aquella ocasión y ahora dudáis de mí? –acabó por rendirse ante el acoso al que los viejos del lugar lo sometían.



Porque aquel día bendecíamos tus promesas y hoy rechazamos tus ofrendas, arrebatadas de las manos de sus dueños.